Pese a todo este lío estuve tranquilo: contra todo pronóstico y las noticias de la prensa tenía gas y, de creer a mis vecinos, no hay peligro de que me quede sin él porque en este barrio viven varios ministros y diputados. Porque ya mencioné en otra ocasión que aquí el gas es colectivo, debe ser lo único colectivo que les queda, y se enciende y apaga para todo el barrio, y casi para toda la ciudad, con idéntica temperatura.
El 20 de enero aparecieron Putin y Tymoshenko anunciando el enésimo acuerdo. El 22 la portada del Ukrainian Journal, una newsletter diaria en inglés, lleva estos titulares en portada: “Ucrania envuelta en otra controversia sobre el gas”, “La Primera Ministra cuestiona el poder del Consejo de Seguridad, controlado por el Presidente, para cambiar el acuerdo del gas ruso”, “Los servicios de inteligencia checos, que presiden la Unión Europea, creen que se repetirá pronto la disputa del gas entre Ucrania y Rusia” y “Automóvil de un juez ucraniano encontrado cerca de Kiev con un cuerpo quemado dentro”.
Si esto fuera una novela policíaca, el cadáver quemado sería la explicación de tanta pelea doméstica por el gas. Como es un diario me limitaré a suponer que una de las claves de todo el jaleo, que una Europa desunida, con espías checos o sin ellos, tiene que aguantar, debe estar en la mafia del gas. Últimamente, la mafia está de moda de nuevo pero me dicen que ahora, gracias a “Gomorra”, película y libro, la moda está lejos de esa concepción romántica que fomentaban películas como “El Padrino” o series como “Los Soprano”, y aparece vestida con sus verdaderos atuendos de salvajismo, matonismo y criminalidad. El año pasado Cronenberg retrató la mafia rusa en “Promesas del este”, peli que recomiendo.
Aquí, en cuanto te pones unas gafas de sol te dicen que eres de la mafia, como bromeando, y hay una verdadera moda de cristales tintados en los coches y todos los que son, y todos los que quieren aparentar algo, tienen visibles guardaespaldas.
Hace unos días una empresa española finalizó su relación contractual con un proveedor ucraniano y la sustituyó por otro. El nuevo ha recibido la visita del anterior y le ha advertido de que le vigilará y denunciará a la primera de cambio. Forastero, este era mi territorio y has cometido un error metiéndote en él aunque ofrezcas mejor precio y servicio. Y es que a veces se le ven mucho las manos invisibles, y hasta los puños, al mercado ese.
Otro día intentaré acercarme al papel de las mafias en la construcción del capitalismo del salvaje Este, ahora voy a intentar explicar los mecanismos que utilizan en el gas tanto los rusos como los de aquí, que convierten esto en un negocio para ambos bandos por lo que no les conviene, creo, que la sangre llegue al río.
Parece ser que los proveedores ucranianos y rumanos de gasóleo para calefacción destinado a Hungría, Eslovaquia y la República Checa estaban exentos del pago de impuestos sobre su producto, por lo que era considerablemente más económico que el combustible para vehículos motorizados. Pero una vez que la mercancía cruzaba la frontera, las bandas aplicaban un tratamiento químico sencillo al combustible que lo hacía apto para el consumo de los vehículos. Luego se vendía a gasolineras, pero los gángsters se quedaban con el porcentaje correspondiente a impuestos.
En el caso del gas ni siquiera hace falta el tratamiento químico: con desviar parte de lo que llega a Ucrania a precio “político” al mercado mundial, alguien se forra. Según Global Witness en su informe en inglés: “Es gas. Divertidos negocios en el comercio de gas entre Ucrania y Turkmenistan” que fue elaborado a mediados de 2006 con ocasión del anterior conflicto del gas entre Rusia y Ucrania y que se encuentra enhttp://www.globalwitness.org/media_library_detail.php/479/en/its_a_gas._funny_business_in_the_turkmen_ukraine_g los que se forran son, como siempre, los intermediarios, necesarios o no. Así en el año 2002 se formó una compañía en un pueblecito perdido de Hungría, Eural Trans Gas, para acogerse a las ventajas que se ofrecían a las nuevas sociedades, por ejemplo, una exención casi total del pago de impuestos. Los conglomerados del gas natural ruso y ucraniano (Gazprom y Naftohaz Ukrainy) forman esa empresa pero sus accionistas nominales son una actriz en paro, una enfermera y su novio informático. El cuarto accionista, sin embargo, es el abogado israelí de un capo mafioso ruso. Esta empresa, en lugar de pagar un 18% en impuestos, sólo tendría que cotizar un 3% hasta el 2005. Un ahorro fiscal legal, ciertamente. Pero entonces se pregunta Global Witness ¿por qué Gazprom y Naftohaz Ukrainy negaban de plano ser propietarios de la empresa? ¿Por qué subcontratar una tarea que ellas mismas podrían haber hecho sin problemas? ¿Y por qué regalaban los frutos de estos ingresos a una minúscula empresa de un pueblecito húngaro, en lugar de disponer de ellos y brindárselos a sus accionistas? Este tinglado empresarial es continuado ahora por RosUkrEnergo, una empresa registrada en Suiza y cuyos accionistas son Gazprom y dos oligarcas ucranianos, que, según el propio Glenny, “no lleva a cabo ninguna actividad real, salvo comprar el gas a Gazprom en la frontera rusa y venderlo a la ucraniana Naftohaz. De esa operación obtiene una comisión importante”. Parece ser que la comisión es “en especie", pues obtienen un 20% del gas que venden y que, a su vez, ellos revenden al mundo, ahora ya sin precios de favor.
Uno de los acuerdos de Putin y Tymoshenko ha sido acabar el contrato con esta empresa.
Sin embargo, "un tinglado así sólo puede funcionar si cuenta con el apoyo total de los directivos ucranianos y rusos del gas. Además necesita la protección de los estados rusos y ucranianos. Resulta difícil constatar si se trata de un caso de corrupción a gran escala o de pura delincuencia, o del límite entre una cosa y la otra. Lo que demuestra más allá de toda duda, sin embargo, es que cuando una banda mafiosa convence a un estado poderoso para que consienta sus actividades o coopere con ellas, ha descubierto la palabra mágica que abre la entrada de la cueva de Aladino. Pues ningún mafioso prospera tanto como el que disfruta del apoyo estatal.”
Quizás esa participación de políticos y funcionarios a gran escala, esa complicidad del Estado, sea lo que la diferencia de la corrupción en España porque ¿no se hablaba estos días en España de un fraude de quienes recibían subvenciones para placas solares en la misma CC.AA. donde se produjo el fraude del lino? Quien esté libre de pecado que tire la primera piedra.
Quizás esa participación de políticos y funcionarios a gran escala, esa complicidad del Estado, sea lo que la diferencia de la corrupción en España porque ¿no se hablaba estos días en España de un fraude de quienes recibían subvenciones para placas solares en la misma CC.AA. donde se produjo el fraude del lino? Quien esté libre de pecado que tire la primera piedra.
En lo de la estética hay algo de exageración pero a mi profe le gustaba enseñarme sus uñas o los piercing de su ombligo de la misma forma ingenua que se lo enseñaría a su abuelo. De hecho cuando no recordaba algo o no conseguía pronunciar algo me consolaba igual: “No te preocupes: eres viejo y es normal que no te acuerdes.”
Otras veces la he cagado. Ante unos carteles que se veían en el metro con dos barquitos en la playa o dos loritos dándose el piquito deduje que anunciaban una agencia matrimonial cuando lo que realmente decían era “Disponible para publicidad”.

Hay alguno que lleva ácido ascórbico. La idea de añadir vitaminas a las bebidas alcohólicas surgió después de la II Guerra Mundial, pero solo se ha puesto en marcha recientemente cuando además han aparecido marcas nuevas de presentación moderna y original, incluyendo el vodka Pútinka (por el apellido del presidente ruso). El no va más deben ser algunos como el Sibirskaya, 45º, Yubileinaya, 45º, Krepkaya, 56º, o Ojotnichaya, 56º, que tienen una concentración del alcohol superior a los 40 grados estándar.
Así cuenta que conversando con un nacionalista, que “estaba convencido de que su nación contaba por lo menos con diez mil años de existencia, que los ucranianos tenían un vínculo inmediato con las fuerzas cósmicas del bien y que, según la forma del cráneo y de las súperciliares, estaban próximos al 'modelo de ario', a consecuencia de lo cual existía un complot mundial contra ellos, los ejecutores directos del cual eran sus vecinos geográficos más próximos y algunos 'factores étnicos internos compuestos'” nuestro austriaco se ve obligado a interrumpirle “con unas cuantas preguntas embarazosas, a las cuales sólo respondía con una mirada atónita. Le pregunté, digamos, esto: "bueno, si de verdad tenéis una cultura tan antigua y potente, ¿por qué apestan tanto vuestros servicios públicos? ¿Por qué la mayoría de estos lugares parecen basureros putrefactos? ¿Por qué los cascos antiguos de vuestras ciudades se arruinan junto con barrios enteros, por qué se derrumban los balcones, por que no hay luz en los portones y hay tantos cristales rotos bajo vuestros pies? ¿Quién tiene la culpa de todo esto? ¿Los rusos? ¿Los polacos? ¿Otros factores ‘étnicos internos correlativos’? Vale, no os apañáis con las ciudades, pero ¿y con la naturaleza? ¿Por que vuestros campesinos, estos, como decís vosotros, portadores de una tradición civilizada de diez mil años, arrojan obstinadamente toda su mierda directamente a los ríos, y por qué viajando por vuestras montañas uno encuentra más metal abandonado que hierbas medicinales?”
Pero no es la única manera de describir la ciudad ni sus habitantes. No es la única verdad. Así, en otra carta escrita un poco después por el mismo austriaco encontramos un tono totalmente diferente y, seguramente, a pesar de que no puedo leerlo sin sonreírme irónicamente, también cierto: "¿Quién me ha dado derecho a aleccionarles, a advertirles sobre los baches y los dientes de oro? Viven como quieren porque están en su casa, y yo no tengo la razón sólo por el hecho de que soy un viajero. Y lo más importante, lo que no se les puede negar es la cálida acogida con vodka. A grandes rasgos son infinitamente más humanos que nosotros. Y cuando digo más humanos, me refiero a su capacidad de abrirse de repente, de ver un ser íntimo incluso en una persona desconocida. Así, una distancia de 400 o 500 kilómetros que nuestros intercity-express superan en apenas cuatro horas, los trenes de aquí la saben alargar hasta unas trece. Sin embargo, en los compartimentos de sus vagones, deliberadamente incómodos y estrechos, la gente saca comida y bebida, se presenta, comparte cada trozo de pan, se cuenta las cosas más trascendentales, a veces incluso las más íntimas. De todas maneras, la vida es muy corta: ¿por qué apresurarse? Los instantes de conmoción emocional más profunda, cuando inesperadamente tocas la abierta y cálida verdad del vodka, son mucho más importantes que las prisas oficiales y la cortesía reservada y falsa, bajo las cuales sólo existe el vacío y la mutua indiferencia. Me gusta que a veces parezcan una familia gigantesca infinitamente ramificada. Cuando os ofrecen su comida y su vodka y os negáis, se vuelven obstinados, incluso insoportables e intolerantes. Y no creo que sea porque la comida y el vodka sean mucho más baratos aquí que nuestros países, sino porque realmente son gente más sincera y de alma más generosa. Así negarles su agasajo es como privarles del derecho de mutua comprensión. ¡Como difiere todo esto de la atmósfera bien ventilada, esterilizada y cuidada, con una calefacción irreprochable, pero al mismo tiempo privada del verdadero calor humano de nuestros rápidos intercity, con su desfile superficial de sonrisas y el silencio artificial que de vez en cuando interrumpen el clic de los mecheros o en frufrú del papel de aluminio!”
Al volver me encontré con mi nueva vida, ya casi rutinaria:
Tanta tele arruina mis lecturas. Acantilado, que bella editorial, está traduciendo a un escritor ucraniano, Andrujovich, que aunque no me acaba de convencer leo con fruición porque como dice Amos Oz:

Me temo que esta explicación es demasiado benigna y soslaya el papel de la represión y que la despolitización es también el producto del miedo y la dictadura: pensemos en la España franquista. Y, además, embellece la URSS como ámbito de convivencia multirracial. Ya entonces, los predecesores de la KGB establecieron un rígido sistema de pasaportes que dividía a la población en grupos con diferentes derechos y privilegios. En el pasaporte figuraba la filiación del ciudadano, la etnia a la que pertenecía, las inscripciones del registro civil y, desde 1932, el permiso de residencia, que restringía la libre elección del lugar de residencia y de trabajo. Lo cuenta muy bien Grossman en uno de los primeros capítulos de su gigantesca “Vida y Destino” cuando describe los kafkianos problemas de una joven que trabaja para un organismo “paragubernamental” para obtener el permiso de residencia.
Aunque no tienen mucha visibilidad y son difíciles de encontrar porque no sabemos leer las inscripciones en ucraniano, hay varios museos. En la calle paralela a Joriva, siempre a la izquierda, está el Museo de los Hetmanes. Hetman es una palabra de origen alemán que debe querer significar hombre principal o jefe. En español me parece que se dice Ataman. Son los caudillos cosacos que, para mi sorpresa, eran elegidos y, en su caso, destituidos democráticamente por toda la colectividad. El retrato de algunos de los jefes está en los billetes de 5 y 10 hryvnias. En éste como en otros museos no encontrareis carteles ni explicaciones en inglés pero siempre habrá una mujer dispuesta que te acompañará y explicará todo con su mejor voluntad, aunque en ucraniano. En el jardín hay estatuas como de hadas o algo así.

Cuando el lunes conté lo estúpido que fui al Cónsul, este me explico que con él también lo intentaron pero sin éxito. Y que, tras negarse a sacar la billetera, apareció un tercer compinche con una insignia como de poli (aunque si hubiera sido de socio del Dínamo, ¿quien se habría dado cuenta?) y le pidió que le enseñase la cartera. Mi cónsul volvió a negarse mostrando a su vez su tarjeta de diplomático con inmunidad. Reconozco que si yo me hubiese librado en el primer intento habría caído en el segundo a pesar de disfrutar de la misma tarjeta.
¿Existe diferencia entre nazismo y estalinismo? Primo Levi creía que sí y la explicaba en “Si esto es un hombre”: “La diferencia principal consiste en la finalidad. Los lager alemanes constituyen algo único en la no obstante sangrienta historia de la humanidad; al viejo fin de eliminar o aterrorizar al adversario político, unían un fin moderno y monstruoso, el de borrar del mundo pueblos y culturas enteros. Los campos soviéticos no eran, desde luego, sitios en los que la estancia sea agradable, pero no se buscaba expresamente en ellos, ni siquiera en los más oscuros años del estalinismo, la muerte de los prisioneros; ésta era un subproducto debido al hambre, al frío, las infecciones, el cansancio. En los lager alemanes se entraba para no salir: ningún otro fin estaba previsto más que la muerte. En cambio, en los campos soviéticos siempre existió un término: en la época de Stalin los “culpables” eran condenados a veces a penas larguísimas (incluso a quince o veinte años) con espantosa liviandaz, pero subsistía una esperanza de libertad, por leve que fuera.”
¿Me pongo lúgubre, solemne, doctrinario? Lo siento. Es que cuesta ajustar cuentas con el pasado de uno. (Y ahora que me pagan como un rico, lamento no haber militado en el PP. Con lo bien que empecé estudiando en los agustinos).


Intenté que me ayudase a alquilar piso pero el mercado inmobiliario es demasiado cruel para ella. Internet o la televisión por cable, demasiado técnico. Las noticias laborales, demasiado lejanas. Así que me acompaña para comprar algo más barato, hacer algunas gestiones donde no se habla inglés o enseñarme los nombres de la ciudad. Tampoco mucho porque la ciudad de los “guiris”, la ciudad céntrica y cara, no es su hábitat natural y hay múltiples sitios donde no ha entrado nunca. Teníais que haber visto su cara, sonrojada, de felicidad cuando coincidió en una cafetería –biblioteca con un cantante ucraniano de moda.